El enfoque del CIMMYT y MasAgro presentes en la Cumbre Anual de Liderazgo 2018 para ayudar a los productores a afrontar los desafíos del cambio climático y la producción agrícola sustentable

  • El enfoque del CIMMYT y MasAgro es clave para llevar la Agricultura de Conservación (AC) a los productores y mejorar la productividad a través de la intensificación sustentable y la preservación de los recursos naturales.

Por: Divulgación-CIMMYT.

22 de marzo de 2018.

Ciudad de México.- Durante la “Annual Leadership Summit: Leadership for Resilient Agriculture” (Cumbre Anual de Liderazgo: Liderazgo para una agricultura resiliente), organizada por Sustainable Food Lab en la Ciudad de México, el doctor Bram Govaerts, representante regional del CIMMYT en América, Monserrat Benítez, de Sygneta, y Sarah Carlson, de Practical Farmers of Iowa, fueron los participantes del panel: “¿Qué ha permitido la adopción de prácticas agrícolas inteligentes en el uso del agua y en su adaptación al cambio climático? ¿Cuáles son los retos principales y algunas soluciones clave para resolver o vencer estos retos?”. fotoN1

El tema que se solicitó desarrollar fue el enfoque del CIMMYT y MasAgro para la construcción de materia orgánica del suelo a lo largo del tiempo en las granjas de México ancladas en el cultivo de maíz. Analizar tanto el enfoque genético como las formas en que MasAgro ayuda a los productores a enfrentar los desafíos de diversificar sus rotaciones y aplicar prácticas agrícolas climáticamente inteligentes para la salud del suelo.

  • Enfoque genético

El CIMMYT genera y aplica métodos modernos de selección genética y tecnologías para la mejora del maíz que no implican ninguna modificación transgénica.

“El CIMMYT ha trabajado con el gobierno mexicano en iniciativas y programas que permiten desarrollar híbridos de maíz convencionales, no transgénicos, de alto rendimiento y resistentes para los productores mexicanos”, comenta Govaerts. En los últimos seis años, el CIMMYT y México han colaborado para desarrollar y liberar 49 híbridos, 33 de maíz blanco y 16 de maíz amarillo, los cuales se han generado para las principales regiones de cultivo de maíz de México en tierras tropicales, subtropicales y altas. El potencial de rendimiento promedio de los nuevos híbridos oscila entre 4.8 y 9.8 t/ha.

Existen 25 empresas mexicanas de semillas que han recibido capacitación y asesoramiento del CIMMYT sobre la producción de semillas híbridas, que actualmente se comercializan con 121 marcas. Las compañías locales que trabajan con semillas desarrolladas por el CIMMYT, tienen una participación estimada de 21 por ciento en el mercado mexicano de semillas de maíz.

  • Prácticas agrícolas climáticamente inteligentes para la salud del suelo

Para ayudar a los productores a afrontar los desafíos del cambio climático, la conservación de recursos y la producción agrícola sustentable, con MasAgro se capacitó a más de 350 técnicos mexicanos para ofrecer asesoramiento experto a miles de agricultores sobre prácticas y tecnologías agrícolas sustentables, como Agricultura de Conservación (AC), prácticas de fertilización integradas, detección de dosis óptimas de fertilizantes, Manejo Agroecológico de Plagas (MAP), adopción de variedades mejoradas de maíz, opciones de almacenamiento poscosecha y conservación de granos y diversificación de cultivos para acceder a nuevos mercados, entre otras.

MasAgro-CIMMYT promueve la AC, la cual se basa en la perturbación mínima del suelo, la cobertura permanente del suelo y la rotación de cultivos para mejorar y conservar la estructura del suelo y la salud biológica, que conducen a una mayor disponibilidad de nutrientes y mayores rendimientos de los cultivos.

La AC también ayuda a mitigar la contribución de la agricultura al cambio climático, reduciendo el consumo de combustibles fósiles para maquinaria agrícola y aumentando la capacidad de captura de carbono de los suelos (en el experimento de campo a largo plazo del CIMMYT, el contenido de carbono en la capa de suelo entre 0 y 60 es más alto en la AC que en la labranza convencional).

Las tecnologías de teledetección han reducido significativamente la fertilización en Baja California, Sinaloa, Sonora y la región del Bajío. En estas regiones los productores han reducido el uso de fertilizantes nitrogenados entre 50 y 100 kg por hectárea sin sacrificar los rendimientos. Como resultado, no se han liberado al ambiente entre 11 y 13 millones de toneladas de urea por año.

Al mismo tiempo, la Agricultura de Conservación aumenta la infiltración de agua y mantiene niveles de humedad más altos en el suelo, y como resultado, se incrementa la disponibilidad de material orgánico y nutrientes para los cultivos.

La AC también mejora la actividad de los macroorganismos al preservar la estructura del suelo. Los investigadores del CIMMYT han encontrado cuatro veces más gusanos en estas parcelas que en parcelas de labranza convencional. Las lombrices son importantes para la agricultura porque ayudan a procesar desechos orgánicos y mejoran la estructura del suelo.

Además, la AC ayuda a aumentar los rendimientos, especialmente en regiones donde los productores tienen recursos limitados para la fertilización y dependen de patrones de lluvia impredecibles y erráticos. En Oaxaca, por ejemplo, los productores que cultivan variedades nativas de maíz han podido aumentar su productividad de 1.1 t/ha, rendimiento promedio del estado en 2017, a más de 3 t/ha desde 2013.

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Una historia similar se está desarrollando en la Península de Yucatán, donde los productores que cosechaban 500 kg de maíz nativo por hectárea lograron hasta 2 t/ha en la misma tierra. De esta manera, la Agricultura de Conservación está ayudando a salvar las selvas tropicales de la deforestación por tala y quema, que se práctica desde hace tiempo en la región.

Por lo tanto, el Programa de Intensificación Sustentable tiene el potencial de atender simultáneamente varios objetivos apremiantes del desarrollo, como adaptar los sistemas de producción al cambio climático; el manejo sustentable de la tierra, los nutrientes y los recursos hídricos; mejorar la seguridad alimentaria y la nutrición; y, finalmente, reducir la pobreza rural.